Nos dirigíamos a la piscina cuando
le vi. Leo, ese chico que tantos corazones rompe, el de segundo de
Bachillerato de mi misma escuela, con esa mirada que daba vértigo de lo
profunda que era, sus ojos tan claros del color del cielo en mediodía,
sus labios... son indescriptibles. Carnosos pero delgados, siempre
serios incluso cuando sonreía, la voz tan bruta que emanaba de ellos;
esa forma de caminar, con las manos en los bolsillos del pantalón, con
la espalda ligeramente encorvada hacia delante y el mentón bien alto; no
era musculoso, pero estaba muy en forma, cosa que le hacía mucho más
atractivo. Todo él era increíble, y todas nosotras estábamos detrás de
él. Bueno, casi todas...
-
De verdad, Ame, no sé cómo te pudiste fijar en semejante bicho. ¿No ves
cómo camina? ¡Es todo soberbia en sí! - me dijo mi amiga Sarah.
- Tía, no seas así. ¿Acaso le conoces?
-
He hablado una vez con él, y ha bastado para conocerle. No es humano,
Ame, ese tío es un animal - sus palabras me hicieron reír entredientes,
gesto al que ella respondió mirándome bruscamente.
-
Amelia, te juro que no es normal. Ese tío tiene un problema mental o
algo, no puede ser tan violento y soberbio. Hazme caso, de verdad, busca
otro chico. No sé - dijo mirando alrededor, buscando sustituto para Leo
- ... ¡fíjate en Em!
Em
es mi mejor amigo, para mí es casi un hermano, como Sarah. Recuerdo que,
cuando le conocí, solía esquivarme pensando que quería reírme de él o
aprovecharme de su inocencia ya que, claro, es emo. Por eso le llamamos
Em, aparte de que son sus iniciales: Ernesto Morales, solo que no le
gusta para nada ese nombre. Él quiere llamarse Andy, y cuando le
encuentro mal le llamo así para que, al poco tiempo, se anime. Ha cogido
mucha confianza en mí, y todavía va a medio camino con Sarah. A ella la
conocí cuando vine a este instituto; fue la primera que se ofreció
ayuda y conocer el recinto, ya que yo también era emo por aquel entonces
y repelía a los demás.
-
Ame, no le hagas caso. Fíjate en quien quieras, aunque tenga complejo de
perro como dice esta mujer - dijo echando sobre Sarah una mirada
silenciadora. Yo, ante eso, empecé a reírme más, obviamente. Hasta que
me fijé que Leo estaba doblando la esquina hacia nosotros, justo
enfrente de mí. Me congelé, inconscientemente mi espaldam quedó recta,
casi hacia atrás, como quien tiene miedo. Por supuesto, lo que yo sentía
no tenía nada que ver con el temor, eran esos nervios que sentía cuando
le tenía al lado. Sí, algo me decía que no podía ser tan perfecto y
algún fallo tendría, pero para mí los fallos no tienen ninguna
importancia junto a la perfección restante. Me coloqué el fleco,
comprobé que toda la ropa estaba en su sitio y, justo cuando le tenía
delante le sonreí. Todo fue muy rápido, pero cuando pasé por la altura
de él, me giré a ver su espalda, también perfecta. Pero en vez de eso me
encontré con su cara, ya que se había parado y se había dado la vuelta
para mirarme. En ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, y Sarah
empezó a reírse.
- Parece que el lobo rompecorazones ha encontrado novia, Sarah - le dijo Em.
- Tú calla que estás más que celoso, sabes que Ame te encanta.
- Estás loca, si es que ves animales por todos lados.
-
Calma, niños, calma, que como sigan así no les compro el algodón de
azúcar - dije con tono de adulta, dando a entender que parecía su madre.
Los dos me miraron y volvieron la mirada al suelo, casi a la vez.
Cuando volví la mirada, él seguía ahí, quieto, mirándome de arriba
abajo, con la cabeza sobre su hombro izquierdo. Alomejor Sarah tenía
razón con que era un demente, pero bueno. Quería que fuera MI demente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario