martes, 9 de abril de 2013

Capítulo 2 - El comienzo

Llegamos a la piscina. Aprovechamos que no había nadie, y nos sentamos en las hamacas más cercanas al agua, también las más aproximadas a la barra. Era un recinto cerrado con servicios, dos mesas de billar, máquinas de bolas y, por supuesto, la barra donde pedías la comida. Lo que siempre solíamos pedir nosotros era la pizza, porque allí era perfecta, tal y como nos gustaba. Al lado de la piscina, entre unas cuantas hamacas, había unas escaleras por las que se bajaba a la playa. Cuando la piscina cerraba, solíamos bajar y bañarnos allí, mientras Em se quedaba escuchando música y haciéndonos retratos. La verdad es que siempre nos lo pasábamos de maravilla, y ese día comenzó como los demás: Sarah fue a pagar al encargado de la piscina en la barra, mientras Em y yo colocábamos las cosas en las hamacas. Pusimos la música de mi móvil, en la que puse "May These Noises Startle You in Your Sleep Tonight" que estaba a su vez conectada con "Hell Above", de Pierce the Veil. Una amiga que tuve una vez, de Canadá, me enseñó este grupo y, a su vez, yo se lo enseñé a Em. Obviamente, nos enamoramos de sus canciones, y desde entonces siempre que estábamos juntos, poníamos sus discos.
- Oye, mami, no es por asustarte, pero que sepas que tienes a tu acosador allí - me advirtió Sarah. Y efectivamente, justo cuando miré, en la entrada estaba Leo, entrando con esa forma de andar tan decidida, pero ahora iba muy lentamente y mirando hacia todos los lugares posibles. Cuando, por fin, me vio, fijó su mirada en mí, así como sus pies en el suelo, y se mantuvo ahí un rato hasta que una de sus comisuras se levantó ligeramente, dándome a ver media sonrisa. Esa sonrisa tan perfecta, esos colmillos que tanto me atraían... sí, me gustan los vampiros; si tuviera un novio así pues no lo dejaría ir nunca. Pero claro, no existen, me conformo con chuparme la sangre cuando me hago una herida pequeña.
Aparté la mirada de sus labios y miré a Em, nerviosa. Le dije que fuéramos al agua, pero solamente con un simple movimiento de cabeza. Él me comprendió perfectamente, y me sonrió con mirada pícara.
- Tú quieres que te tire, ¿verdad?
- Sabes que sí, cariño - le dije entre risas, casi susurrando. Se rió a carcajadas mientras se levantaba para cogerme en brazos. No sé cómo pudo, porque era un completo palillo, pero lo hizo. Me cogió en brazos como a un bebé, y a la cuenta de tres, me tiró al agua dando vueltas sobre mí misma. Me encantaba esa sensación, era un sentimiento de libertad y miedo increíble; estaba volando, pero no sabía dónde podría aterrizar. Cuando asomé la cabeza fuera del agua, me sequé los ojos y me aparté el pelo de la cara, vi a Sarah hablando con Leo, justo al lado de la barra. La sonrisa se me borró de la cara inmediatamente, Em dejó de reír al notar mi reacción, y miró en la misma dirección. Sarah estaba apoyada en la barra, mientras que Leo estaba demasiado cerca de ella y, a los pocos segundos, los dos me miraron a la vez. Ella tenía el rostro muy serio, y él, mirándome, levantó una ceja, hizo un gesto de desdén hacia Sarah mientras susurraba algo con el rostro muy serio y fue alejándose sin quitarme el ojo de encima. Em, enseguida, entró en el agua a intentar que me distrajera, porque lo que ocurrió me pareció completamente surrealista. ¿Sarah, la que insultaba diez minutos atrás a Leo, hablando con él tan tranquilamente? No me lo podía creer.
- Sarah, ¿qué cojones acaba de pasar? - le dije mientras se acercaba a mí, enfatizando en cada palabra.
- Ame, para saber más a veces hay que hablar con el propio enemigo - se sentó en el borde de la piscina - . Que sepas que vino por ti, o mejor dicho, a por ti.
- ¿Pero por qué? ¿Por qué me miró tan serio, qué te dijo cuando se iba? - Le pregunté.
- Simplemente le dije que se olvidara de quedar contigo mientras pasáramos juntas las vacaciones, y con "juntas" incluyo a Em - éste le miró de forma amenazante, pero enseguida la dejó de lado y se centró en mí.
- Pues a esta niña no la va a tocar mientras yo esté cerca - dijo abrazándome. Yo seguía dando vueltas a la cabeza, ¿cómo va a ser que venga a por mí? ¿Quería quedar conmigo? ¿Qué querrá?
- Ame, te has quedado muy pálida, tía - dijo Sarah entre risas, mientras se iba remojando los brazos y la nuca - . Sí, tía, se ha fijado en ti, pero ni de coña vas a salir con él mientras nosotros dos estemos vivos. Yo, más que nada, por asco, y Em... - se hizo el silencio. Éste le echó una mirada aterradora a Sarah, a la que ella contestó con una carcajada y tirándole agua a la cara. Todo se tranquilizó, comenzó nuestro primer día de vacaciones y con él, la esperanza creció en mí.

Capítulo 1 - Encuentro

Nos dirigíamos a la piscina cuando le vi. Leo, ese chico que tantos corazones rompe, el de segundo de Bachillerato de mi misma escuela, con esa mirada que daba vértigo de lo profunda que era, sus ojos tan claros del color del cielo en mediodía, sus labios... son indescriptibles. Carnosos pero delgados, siempre serios incluso cuando sonreía, la voz tan bruta que emanaba de ellos; esa forma de caminar, con las manos en los bolsillos del pantalón, con la espalda ligeramente encorvada hacia delante y el mentón bien alto; no era musculoso, pero estaba muy en forma, cosa que le hacía mucho más atractivo. Todo él era increíble, y todas nosotras estábamos detrás de él. Bueno, casi todas...
- De verdad, Ame, no sé cómo te pudiste fijar en semejante bicho. ¿No ves cómo camina? ¡Es todo soberbia en sí! - me dijo mi amiga Sarah.
- Tía, no seas así. ¿Acaso le conoces?
- He hablado una vez con él, y ha bastado para conocerle. No es humano, Ame, ese tío es un animal - sus palabras me hicieron reír entredientes, gesto al que ella respondió mirándome bruscamente.
- Amelia, te juro que no es normal. Ese tío tiene un problema mental o algo, no puede ser tan violento y soberbio. Hazme caso, de verdad, busca otro chico. No sé - dijo mirando alrededor, buscando sustituto para Leo - ... ¡fíjate en Em!
Em es mi mejor amigo, para mí es casi un hermano, como Sarah. Recuerdo que, cuando le conocí, solía esquivarme pensando que quería reírme de él o aprovecharme de su inocencia ya que, claro, es emo. Por eso le llamamos Em, aparte de que son sus iniciales: Ernesto Morales, solo que no le gusta para nada ese nombre. Él quiere llamarse Andy, y cuando le encuentro mal le llamo así para que, al poco tiempo, se anime. Ha cogido mucha confianza en mí, y todavía va a medio camino con Sarah. A ella la conocí cuando vine a este instituto; fue la primera que se ofreció ayuda y conocer el recinto, ya que yo también era emo por aquel entonces y repelía a los demás.
- Ame, no le hagas caso. Fíjate en quien quieras, aunque tenga complejo de perro como dice esta mujer - dijo echando sobre Sarah una mirada silenciadora. Yo, ante eso, empecé a reírme más, obviamente. Hasta que me fijé que Leo estaba doblando la esquina hacia nosotros, justo enfrente de mí. Me congelé, inconscientemente mi espaldam quedó recta, casi hacia atrás, como quien tiene miedo. Por supuesto, lo que yo sentía no tenía nada que ver con el temor, eran esos nervios que sentía cuando le tenía al lado. Sí, algo me decía que no podía ser tan perfecto y algún fallo tendría, pero para mí los fallos no tienen ninguna importancia junto a la perfección restante. Me coloqué el fleco, comprobé que toda la ropa estaba en su sitio y, justo cuando le tenía delante le sonreí. Todo fue muy rápido, pero cuando pasé por la altura de él, me giré a ver su espalda, también perfecta. Pero en vez de eso me encontré con su cara, ya que se había parado y se había dado la vuelta para mirarme. En ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, y Sarah empezó a reírse.
- Parece que el lobo rompecorazones ha encontrado novia, Sarah - le dijo Em.
- Tú calla que estás más que celoso, sabes que Ame te encanta.
- Estás loca, si es que ves animales por todos lados. 
- Calma, niños, calma, que como sigan así no les compro el algodón de azúcar - dije con tono de adulta, dando a entender que parecía su madre. Los dos me miraron y volvieron la mirada al suelo, casi a la vez. Cuando volví la mirada, él seguía ahí, quieto, mirándome de arriba abajo, con la cabeza sobre su hombro izquierdo. Alomejor Sarah tenía razón con que era un demente, pero bueno. Quería que fuera MI demente.