Llegamos a la piscina. Aprovechamos
que no había nadie, y nos sentamos en las hamacas más cercanas al agua,
también las más aproximadas a la barra. Era un recinto cerrado con
servicios, dos mesas de billar, máquinas de bolas y, por supuesto, la
barra donde pedías la comida. Lo que siempre solíamos pedir nosotros era
la pizza, porque allí era perfecta, tal y como nos gustaba. Al lado de
la piscina, entre unas cuantas hamacas, había unas escaleras por las que
se bajaba a la playa. Cuando la piscina cerraba, solíamos bajar y
bañarnos allí, mientras Em se quedaba escuchando música y haciéndonos
retratos. La verdad es que siempre nos lo pasábamos de maravilla, y ese
día comenzó como los demás: Sarah fue a pagar al encargado de la piscina
en la barra, mientras Em y yo colocábamos las cosas en las hamacas.
Pusimos la música de mi móvil, en la que puse "May These Noises Startle
You in Your Sleep Tonight" que estaba a su vez conectada con "Hell
Above", de Pierce the Veil. Una amiga que tuve una vez, de Canadá, me
enseñó este grupo y, a su vez, yo se lo enseñé a Em. Obviamente, nos
enamoramos de sus canciones, y desde entonces siempre que estábamos
juntos, poníamos sus discos.
- Oye, mami, no es por asustarte,
pero que sepas que tienes a tu acosador allí - me advirtió Sarah. Y
efectivamente, justo cuando miré, en la entrada estaba Leo, entrando con
esa forma de andar tan decidida, pero ahora iba muy lentamente y
mirando hacia todos los lugares posibles. Cuando, por fin, me vio, fijó
su mirada en mí, así como sus pies en el suelo, y se mantuvo ahí un rato
hasta que una de sus comisuras se levantó ligeramente, dándome a ver
media sonrisa. Esa sonrisa tan perfecta, esos colmillos que tanto me
atraían... sí, me gustan los vampiros; si tuviera un novio así pues no
lo dejaría ir nunca. Pero claro, no existen, me conformo con chuparme la
sangre cuando me hago una herida pequeña.
Aparté la mirada de sus
labios y miré a Em, nerviosa. Le dije que fuéramos al agua, pero
solamente con un simple movimiento de cabeza. Él me comprendió
perfectamente, y me sonrió con mirada pícara.
- Tú quieres que te tire, ¿verdad?
-
Sabes que sí, cariño - le dije entre risas, casi susurrando. Se rió a
carcajadas mientras se levantaba para cogerme en brazos. No sé cómo
pudo, porque era un completo palillo, pero lo hizo. Me cogió en brazos
como a un bebé, y a la cuenta de tres, me tiró al agua dando vueltas
sobre mí misma. Me encantaba esa sensación, era un sentimiento de
libertad y miedo increíble; estaba volando, pero no sabía dónde podría
aterrizar. Cuando asomé la cabeza fuera del agua, me sequé los ojos y me
aparté el pelo de la cara, vi a Sarah hablando con Leo, justo al lado
de la barra. La sonrisa se me borró de la cara inmediatamente, Em dejó
de reír al notar mi reacción, y miró en la misma dirección. Sarah estaba
apoyada en la barra, mientras que Leo estaba demasiado cerca de ella y,
a los pocos segundos, los dos me miraron a la vez. Ella tenía el rostro
muy serio, y él, mirándome, levantó una ceja, hizo un gesto de desdén
hacia Sarah mientras susurraba algo con el rostro muy serio y fue
alejándose sin quitarme el ojo de encima. Em, enseguida, entró en el
agua a intentar que me distrajera, porque lo que ocurrió me pareció
completamente surrealista. ¿Sarah, la que insultaba diez minutos atrás a
Leo, hablando con él tan tranquilamente? No me lo podía creer.
- Sarah, ¿qué cojones acaba de pasar? - le dije mientras se acercaba a mí, enfatizando en cada palabra.
-
Ame, para saber más a veces hay que hablar con el propio enemigo - se
sentó en el borde de la piscina - . Que sepas que vino por ti, o mejor
dicho, a por ti.
- ¿Pero por qué? ¿Por qué me miró tan serio, qué te dijo cuando se iba? - Le pregunté.
-
Simplemente le dije que se olvidara de quedar contigo mientras
pasáramos juntas las vacaciones, y con "juntas" incluyo a Em - éste le
miró de forma amenazante, pero enseguida la dejó de lado y se centró en
mí.
- Pues a esta niña no
la va a tocar mientras yo esté cerca - dijo abrazándome. Yo seguía dando
vueltas a la cabeza, ¿cómo va a ser que venga a por mí? ¿Quería quedar
conmigo? ¿Qué querrá?
-
Ame, te has quedado muy pálida, tía - dijo Sarah entre risas, mientras
se iba remojando los brazos y la nuca - . Sí, tía, se ha fijado en ti,
pero ni de coña vas a salir con él mientras nosotros dos estemos vivos.
Yo, más que nada, por asco, y Em... - se hizo el silencio. Éste le echó
una mirada aterradora a Sarah, a la que ella contestó con una carcajada y
tirándole agua a la cara. Todo se tranquilizó, comenzó nuestro primer
día de vacaciones y con él, la esperanza creció en mí.